Padres de niños con discapacidad se movilizan contra el cierre de centros de educación especial

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La hija de Esther tiene una enfermedad rara (tanto que cuando nació solo había 12 casos similares diagnosticados en el mundo), producida por una alteración del cromosoma 19. Ahora con 10 años, Lucía no habla, ni camina ni come sólidos. “Es una niña muy especial, es como un bebé, pero dicho esto, es muy feliz, se ríe sin parar”, cuenta su madre.

Sus padres estudiaron todas las opciones de escolarización y, al darse cuenta de que se trataba de una discapacidad severa, optaron por un centro concertado de educación especial, la Fundación Bobath, que atiende sobre todo a niños con parálisis cerebral, a los que ayuda, mediante tratamientos individualizados, a llevar una vida lo más normal posible.

Pero este centro, como los otros centros de educación especial que en nuestro país atienden a 37.136 alumnos con discapacidad, podría estar amenazado si siguen adelante las propuestas que hay para cerrarlos e integrar a sus alumnos en los centros normales. Esa es la filosofía de la educación inclusiva, que defiende el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), que ha pedido el cierre de los centros de educación especial y la transferencia de recursos a los colegios ordinarios para que puedan atender adecuadamente a los alumnos con discapacidad.

“Es muy bonito decirlo, pero es imposible adaptar todos los colegios normales para estos niños”, defiende Esther Morillas, la madre de Lucía. “Me acusan de ser una madre segregadora y de tener a mi hija en un ghetto. No hay nadie más a favor de la inclusión de nuestros hijos que nosotros, pero cada niño tiene unas necesidades y los nuestros necesitan la educación especial”.

El CERMI ha hecho llegar su petición al gobierno para que la tenga en cuenta en la reforma de la Ley Orgánica de Educación. Y en la Asamblea de Madrid se han presentado también dos propuestas en esa dirección, algo que ha hecho saltar las alarmas a muchos padres de alumnos con discapacidad que se han unido en la asociación Educación Inclusiva Sí, Especial También para defender el derecho de sus hijos a seguir yendo a centros especiales.

“Mi hija tiene derecho a recibir una atención específica e individualizada, con una adaptación curricular. No queremos que los centros de educación especial se conviertan en centros asistenciales para grandes discapacidades porque nuestros hijos también tienen derecho a aprender”, afirma Esther Morillas.

Por ello están recogiendo firmas en change.org para evitar el cierre de los centros de educación especial. Por el momento ya recibido el apoyo de casi 150.000 personas.

 

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