La injusticia del rendimiento intangible por Javier de Miguel

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Es muy difícil hablar de rendimiento humano en las organizaciones. Hay muchas razones, pero una de ellas, tuve la oportunidad de escucharla hace unos días: “los trabajadores tienen que adaptarse a las empresas”. Voy a traducirla al método MindCompanySport: “los jugadores tienen que adaptarse al sistema de juego”. Eso va a funcionar mientras las cosas vayan bien. Mientras los resultados acompañen. Pero cuando el rendimiento exija rendimiento, la cosa cambiará.

En ese momento solo vamos a tener para salir de una situación de máxima exigencia a esos profesionales, a los cuales ya hemos “tensado” previamente con otras condiciones de rendimiento anteriores, para que se adapten a nuestras nuevas exigencias. Condiciones que, si estuvieran medidas de forma objetiva y bien comunicadas, serían asumidas por éstos. Porque casi ningún profesional que está trabajando para una organización que actúa con transparencia en lo referente a sus objetivos de trabajo, deja de generar rendimiento y productividad para alcanzarlos. Al contrario, se involucran y buscan mejorarlos.

Pero claro, el problema del rendimiento humano en las empresas es cultural.

Primero, porque en las organizaciones pensamos que es más importante el procedimiento que el profesional.

Claro, es más fácil “meterle mano” a un procedimiento para cambiarlo. Además, es más fácil “echarle” la culpa de una mala realización de un procedimiento al profesional, que confirmar que aquello que venimos haciendo desde años atrás, es un error.

Y segundo, porque realmente no conocemos en profundidad qué hacen nuestros equipos.

No sabemos cómo actúan ante los problemas que nuestros procedimientos de trabajo generan, porque los procedimientos generan problemas a la hora ponerlos a funcionar, y a veces, parece que ésto se nos olvida.

En el deporte lo tenemos muy claro. Vemos los procedimientos que implantamos en nuestros equipos para rendir. Bueno, nosotros y miles de personas que los cuestionan en directo. Sabemos cómo se ejecutan y qué resultados reales generan. Por eso, luego, entrenamos junto a nuestros equipos para poder mejorar su rendimiento y que éstos puedan aportar toda su experiencia para ser más eficaces en la competición. Y eso, que durante ese proceso de entrenamiento, habrá profesionales que no estarán de acuerdo con la dirección de ese rendimiento.

El camino del rendimiento es el mismo para todos, pero la dirección puede ser diferente.

En las organizaciones, los buenos resultados, tapan todo lo que hacen los profesionales. De hecho, pensamos más en controlar convenios y contratos para no hipotecar nuestra estructura de personal, que en cómo ayudar a nuestros equipos a rendir más. Damos charlas anuales de cultura empresarial, para después no cumplir los valores expuestos cuando tenemos discrepancias con nuestros equipos en los resultados.

Discrepamos por lo que pensamos que hacen nuestros profesionales el 80% de las veces, ya que estamos más alejados de la operativa diaria de lo que creemos.

Así que para que vamos a creer en un intangible, que es una las innovaciones que el método MindCompanySport aporta (la medición y mejora del comportamiento humano), cuando lo que hay que hacer es “vender”, “echar las horas” que la empresa necesite, empoderar a mandos intermedios más preocupados por cumplir que por rendir, mantener ajustado el gasto (que no inversión) en personal, o controlar la duración de los contratos para poder tomar decisiones improductivas a destiempo con los profesionales y dejar una imagen de que somos fuertes por decreto.

Es muy complicado hablar de rendimiento en este entorno organizacional. Pero, por mucho que los buenos resultados no dejen de ver lo que irremediablemente vendrá, pues en el rendimiento es cíclico, en MindCompanySport comenzamos a encontrar a organizaciones que apuestan por el cambio. Que apuestan por conocer lo que hacen sus equipos, de la manera más objetiva posible, para luego junto a ellos proponer entrenamientos que mejoren sus condiciones y habilidades de rendimiento.

Obviamente, siempre habrá jugadores y entrenadores que tendrán que cambiar de equipo. Pero cuando esto ocurra, al menos sabremos que es por un motivo objetivo y podremos calibrar el impacto de nuestra decisión en el equipo y en los resultados de la organización. No será un simple me como dos y tiro otra vez porque voy bien en el juego y la realidad me avala. Porque entonces, cuando la realidad sea diferente, ya no tendré tan fácil mover mis fichas. O igual ya no me quedan fichas adecuadas que mover.

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