¿Puede un black hacker provocar el fin del mundo? por One Magazine

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Abrir el grifo en invierno y tener agua caliente; dar a un botón y que se encienda la televisión o la lámpara; ir al supermercado y encontrar todos los productos de tu lista de la compra; o coger el autobús y el tren para ir y volver del trabajo. ¿Qué pasaría si esos servicios imprescindibles en tu vida diaria dejaran de funcionar?

¿Cuánto tiempo aguantarías sin ellos? Las respuestas a estas preguntas las conocen los ciberdelincuentes, que podrían manejar a su antojo los servicios básicos de un país hasta convertir tu vida en un infierno.

Suena la alarma de tu teléfono, algo más temprano que de costumbre; sin embargo, esta vez al oír ese desagradable pitido, tu boca esboza una gran sonrisa en lugar de emitir el habitual gruñido de quien está profundamente dormido. ¿La razón? ¡Estás de vacaciones! Tienes por delante casi un mes libre de jefes, reuniones llenas de corbatas y atascos en hora punta. El paraíso espera.

Sin embargo, parece que el día no quiere empezar bien. Han cortado el agua en tu edificio -¡y esta vez sin avisar!- así que lo de tomarse un café y darse una ducha para afrontar el día con buena cara no va a poder ser. Como te has propuesto ver el lado bueno de las cosas, piensas: “Así tengo más tiempo para llegar al aeropuerto”. Como la maleta ya la tenías preparada desde la noche anterior, lo único que te queda es pedir el taxi que te lleve al aeropuerto. Es en ese momento cuando ves que tu ‘smartphone’ está casi sin batería. “¿Cómo es posible? Lo dejé cargando toda la noche…”. Muy pronto, te percatas dónde está el problema: parece que también se ha ido la luz. El margen de tiempo con el que contabas ya no es tanto, porque ahora tienes que bajar a la calle y buscar un taxi libre en pleno centro de la ciudad.

Entre los nervios propios del viaje, que has bajado siete pisos por las escaleras con el equipaje a cuestas porque no funciona el ascensor y que el sol ya calienta lo suyo, ya estás empapado en sudor… mientras miras alrededor y comienzas a preguntarte por qué no eres capaz de dar con un taxi libre en los 10 minutos que llevas intentándolo. Empiezas a notar un hormigueo en el brazo de tanto estirarlo sin éxito para parar a alguno, hasta que por fin aparece uno con la luz en verde. “Menuda mañanita” – te espeta el conductor – “parece que nada funciona hoy”. Tu aspecto desaliñado y tu cara de hartazgo son la mejor respuesta que se te ocurre darle. Cuando tras una hora de infernal atasco llegas al aeropuerto, te enteras que la red de metro sufre un fallo en el sistema de control de vías que ha paralizado la ciudad.

Con la intención de huir de esta locura echas mano de tu teléfono donde tienes descargada la tarjeta de embarque… pero al mirar la pantalla en negro recuerdas que no pudiste cargarlo y ahora tienes un bonito y caro pisapapeles. Tratas de seguir ‘pensando en positivo’, así que te diriges a los paneles de información para saber cuál es tu mostrador de facturación… pero no eres el único que ha tenido esa idea y decenas de personas se agolpan frente a unos monitores donde parpadea sin parar el mensaje ‘fuera de servicio’. Los gritos al aire exigiendo explicaciones, los codazos y las maletas arrollando pies se suceden mientras buscas las ventanillas de la compañía con que vas a volar. “Allí conseguiré mi tarjeta de embarque y podré facturar”.

Sin embargo, las colas para hacerte con ella se extienden a lo largo de unos pasillos que se quedan pequeños para tantos viajeros. Apenas logras avanzar en la fila, porque la red de todo el aeropuerto está caída y el personal de la compañía aérea está haciendo los trámites a mano.

Tras horas de espera y comprobar que tu avión hacia el paraíso ha partido sin ti, te acomodas frente a la puerta de embarque hasta que seas recolocado en otro vuelo. Habrías comprado algo de comer hace un buen rato, pero las tiendas del aeropuerto están desabastecidas y las máquinas de ‘vending’ parecen haberse vuelto locas y no funcionan, por mucho que lo intentes.

¿Acaso el mundo entero se ha ido de vacaciones menos tú? Todo lo que se supone que tendría que funcionar no lo hace. En un mundo digital donde cualquier cosa está controlada por máquinas que creemos infalibles, existen personas sentadas frente a potentes ordenadores que pueden controlar y manipular el funcionamiento de casi todo lo que nos rodea hasta crear un completo caos.

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