El knowmad de la semana: Eduardo Lazcano

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Hoy conocemos de cerca a Eduardo Lazcano, un knowmad para el que “hacer” es mucho más importante que “decir”. En esta entrevista comparte con nosotros algunas de sus opiniones sobre el presente y el futuro de la sociedad.

—¿Qué es para ti ser knowmad?
—Para mí, no eres knowmad como fruto de la decisión de gestionar tu talento y capacidades de una determinada forma. Eres knowmad como reacción adaptativa a un nuevo contexto social que se ha impuesto.
Hablo de un mundo en el que hemos dejado de ser un número en una cadena de montaje para depender de nuestra capacidad de aportar valor diferencial. Hablo de un mundo en el que todo se automatiza y pone en valor nuestros activos más humanos, como la creatividad, la capacidad de disrupción o el sentido común. Hablo de un mundo cambiante en el que las estructuras rígidas quiebran a cada cambio de guión. Hablo de un mundo en el que la inteligencia holística y contextual son esenciales. Hablo de un mundo que nos obliga a reinventarnos permanentemente.

Por eso, necesitamos individualizar nuestro valor, desarrollar nuestra humanidad, trabajar con autonomía y en red, entrenar nuestra inteligencia ética y, sobre todo, necesitamos ser más flexibles y adaptativos que nunca.

—Háblanos sobre tu profesión o tu empresa
—Siempre me he dedicado a la comunicación y al marketing, lo que ocurre es que cuando vino la fiebre de la digitalización comencé a aprovechar las nuevas herramientas que nos ofrece la era digital.

He dedicado algún tiempo a ayudar a empresas en su transformación digital, especialmente haciéndoles entender que esto no va de tecnología ni de redes sociales. Va de que hemos cambiado como sociedad, como consumidores, como trabajadores y como personas en general.

Actualmente trabajo en Deoleo, la mayor distribuidora de aceite de oliva del mundo y mi objetivo es aprovechar las oportunidades que nos ofrece la era digital para poner en valor un producto que es la base de la dieta mediterránea, la más sana del mundo.

La comunicación ya no se basa en discursos creativos, la comunicación se hace haciendo. Es decir, solo es creíble lo que haces, no lo que cuentas que haces. Hemos pasado del storytelling al storydoing.

—A lo largo de tu carrera ¿cuál es el proyecto que más te ha apasionado?
—Hay 3 proyectos que me han perfilado como profesional:

El primero es la Movistar Activa Cup de donde salió la nueva generación de pilotos de motociclismo que ha hecho que copemos los podiums cada domingo. En ella aprendí que la pasión es el motor de los proyectos, que las cosas hay que hacerlas hasta el final siendo fiel a los fundamentos y propósitos y que sólo pensando en grande logras el éxito.

En el Plan B de Carlos Jean sumé a lo anterior que el mundo es líquido, que la audiencia manda y por ello hay que escucharla, aprendí a redefinir los marcos competitivos y a sumar, sumar y sumar.

Finalmente están mis dos años desarrollando personas mediante programas de formación y de mentoring. Aquí aprendí que esto va de personas y que, si las entiendes y te preocupan, puedes hacer cualquier cosa. Las personas son el motor del mundo y la empatía la habilidad más importante.

—¿Cuáles son las claves para una educación óptima?
—El sistema educativo actual en realidad es un sistema de programación de individuos para actuar según patrones predictivos. Creo que es necesario tener unos patrones para la convivencia y la colaboración. Lo que ocurre es que hemos atrofiado las capacidades más necesarias para el desarrollo como el pensamiento propio, la gestión de la incertidumbre y las habilidades comunicativas.

Para mí, la educación óptima desarrolla estos aspectos para posteriormente dotar de una capa ética que permite asimilar las reglas sociales y el respeto por la diversidad.

Ello requiere alineaciones que no se producen ahora entre ideologías, entre padres y profesorado, entre instituciones educativas y empresariales ni entre individuos.

Por lo tanto, en lugar de focalizar en cómo educamos a los niños, deberíamos de focalizar en cómo nos educamos los adultos para demostrar que somos capaces de educar a otros.

Después, solo después, viene el aprendizaje técnico bajo la premisa de un mundo de superespecialistas y gestores.

—¿Cómo te imaginas las profesiones del futuro?
—Considero estéril todo ejercicio predictivo. No me sirve para nada intentar dibujar con detalle cómo será mi profesión o cualquier otra. Es como decirle a un nómada que te describa su destino. ¡Qué más da! Se trata de que, sea como sea, no permaneceré en él.

Lo que sí me interesa tener en mente es la necesidad de ser mejor profesional cada día sabiendo que aporto un valor diferencial y de entender a las personas y sus necesidades. Con ello, es indiferente que acabe en el sistema sanitario, industrial o educativo.

Por cierto, recordemos que valor añadido no es lo que nosotros consideramos que añade valor sino lo que el que lo recibe considera como valor.

Eduardo Lazcano

—Si tuvieras que decir 3 cualidades para adaptarse a la sociedad del futuro, ¿cuáles serían?
—Como he dicho antes:
a) Pensamiento propio. La capacidad de introspección y autoconsciencia va a ser clave porque en un mundo tan complejo, la diversidad va a ser clave y ser conscientes de cuál es nuestra propia diversidad lo será aún más.
b) Gestión de la incertidumbre. Desde la aparición de la ciencia nos hemos obsesionado con los modelos predictivos. Ahora que todos ellos han quebrado, desprogramarnos y recuperar la tranquilidad sobre entornos inciertos, es vital.
c) Habilidades comunicativas y, sobre todas ellas, la empatía. La capacidad, no solo de comunicar lo que queremos comunicar sino de percibir lo que nos intentan transmitir e incluso aquello que está más oculto va a determinar nuestro rol social.

—¿Qué proyectos profesionales tienes en tu mente?
—Soy un knowmad convencido. No me marco destinos sino que disfruto el camino. Creo igual de importantes el objetivo y el proceso. Los modelos no se definen, se transitan.

Ahora estoy haciendo lo que hago porque es donde encuentro mi rol en la mecánica holística de la sociedad en que he decidido vivir, pero dentro de cuatro años tendré que haber redefinido mi posición o estaré abocado a la obsolescencia.

Ahora mismo quiero contribuir a una sociedad más competitiva mediante la transformación positiva de personas, organizaciones y modelos de negocio. Por ello focalizo toda mi energía en lograr que pasen cosas en esos ámbitos que ayuden a otros a ser mejores. En el proceso, yo mismo me hago mejor.

—¿Qué te aporta pertenecer al grupo Knowmad?
—La cultura del pelotazo y la corrupción ha puesto en cuestión el trabajar con gente que te es afín. La colaboración sólo podía darse por medio de criterios objetivos y fríos.

Creo que eso está bien para regular a la gente con carencias éticas. Cuando tienes eso superado, sucede al contrario. Debes buscar a la gente que es como tú porque te entiendes más rápido, necesitas pocas palabras para comunicarte y eso le da fluidez al conjunto.

El patrón de personas que hay en TKH ha hecho que enseguida conectemos entre nosotros. En pocas reuniones nos sentimos cómodos los unos con los otros y mantenemos el contacto fuera de las reuniones. Incluso hemos utilizado los retratos de Víctor Jerez para identificarnos en una especie de código personal en las redes sociales.

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