El knowmad de la semana: Ángel Gutiérrez

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Hoy conocemos más de cerca a Ángel Gutiérrez, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, y un apasionado de la vida.

—¿Qué es para ti ser knowmad?
—Ser knowmad es haberlo sido antes de saber qué era ser knowmad. Ser knowmad es sentir que en el día a día alguien vea en ti un referente y una opción de futuro, que quiera ser como tú, seguir tus pasos. Ser knowmad es hacer sentir a los demás que siempre estarás a su lado, que les echarás una mano de forma desinteresada cuando las cosas vayan mal, que serás respetuoso con sus ideas y leal en tus relaciones. Ser un knowmad es hacer sentir a los demás que eres una persona diferente en esta debacle social de emociones encontradas, donde siempre tienes una frase amable y un abrazo sincero. Ser knowmad es, en definitiva, que alguien así te considere. Uno no elige ser knowmad.

—Háblanos sobre tu profesión o tu empresa.
—Soy un sanador y trabajo en una empresa que se llama mundo. No tengo un trabajo, ni varios, solamente me dejo vivir, a pierna suelta. Todo fluye fruto de la emoción y de los recuerdos. Mis padres, mi infancia, mis hermanos, mi tierra, pero no México, León o Navarra, sino un lugar llamado Gaia. Tengo una misión, como todos, y la mía es hacer feliz a la gente, pero no de forma externa, no dándoles nada, sino tratando de sacar su belleza interior. Todos la tienen.

—A lo largo de tu carrera ¿cuál es el proyecto que más te ha apasionado?
—El último. Ahora mismo, contestarte, amigo knowman. Cualquier cosa me apasiona, y no hay ninguna cosa que me apasione más que otra, porque el que racione pasiones, el que las mida, las reserve, las guarde, las oculte… las pervierte. La pasión es darlo todo sin esperar nada a cambio, porque la pasión es hacer lo que amas, y no puedes distinguir curar a un niño de 9 años de ver nacer a mis borreguitos. No puedes distinguir besar a tus hijos cuando van a dormir de que alguien te pare por la calle y te estreche la mano o te dé un abrazo porque hace 25 años le cambiaste la vida, desde luego, sin saberlo. Pero si tuviera que decir uno, el proyecto que más me apasiona es el que todavía no conozco, porque vivo en una situación de búsqueda permanente de pasiones.

—¿Cuáles son las claves para una educación óptima?
—¿Educación para qué? Profesional, personal, política, empresarial, emocional… Entonces hay que buscar una educación global, que abarque a todas. La clave es una educación ancestral, mirando al pasado. Porque si respetas, amas, eres sincero, cualquier empresa que emprendas está condenada al éxito, porque éste no se mide en nada, no se puede cuantificar. El éxito personal consiste en llegar al final sabiendo que te has vaciado, que lo has dado todo, y que se es inmortal cuando alguien dice de ti al ya no estar: “Nunca lo olvidaré”.

—¿Cómo te imaginas las profesiones del futuro?
—Bueno, eso es tener mucha imaginación, porque el futuro para mí no es el año que viene, ni el siglo que viene, ni el milenio próximo, XXX.  Yo soy ancestral, soy “paleomind”, sé que hemos tardado ocho millones de años en pasar de la cuadrupedia al bipedismo y al homo sapiens sapiens. Soy muy primario, pase el tiempo que pase, las profesiones serán cazar para comer, correr para huir y copular. ¿Cómo? ¡Qué más da!

—Si tuvieras que decir tres cualidades para adaptarse a la sociedad del futuro ¿cuáles serían?
—Nacer, reproducirse y morir. Eso sí, hacer las tres, sobre todo la del medio, muy muy bien.

—¿Qué proyectos profesionales tienes en tu mente?
—No creo que existan proyectos profesionales, sino formas de entender la vida, porque ella en sí mismo es un proyecto, tu proyecto de vida, que fluye. Pero sí hay pequeños guiños como cuando seduces a tu pareja, quieres cautivar una esencia, nada tangible. Ahora mismo, por ejemplo, preparar el examen de mañana a las 8 de la mañana a mis socios-alumnos de segundo de la Facultad de Medicina de Granada. Creo que les preguntaré: “Dado el incremento imparable de las enfermedades metabólicas, cardiovasculares y degenerativas que afectan a los países más desarrollados del llamado primer mundo, industrializado, con todo lo que has aprendido este año en la asignatura de Fisiología, como médico que serás, ¿para ti qué es más importante, el código genético o el código postal?”.

—¿Qué te aporta pertenecer al grupo knowmad?
—Nadie que pertenezca al grupo knowmad está ahí para que le aporte nada. Al primero que entre por esa razón habría que invitarle a que vuelva a su choza. Yo he recibido el regalo de hacerme sentir integrado en un grupo al que pertenecía sin saberlo, y ese regalo me permite ser escuchado, tenido en cuenta, pertenecer al grupo es tener la oportunidad de aportar, no esperar aportaciones. Las sinergias son fruto del abrazo, corazón con corazón, de nuestro amigo Paco Ortiz. No creo haber nacido en ninguno de mis múltiples nacimientos, para recibir, sino para dar. Pero si tuviese que definir lo que me aporta, sería seguridad, confianza, integridad. Te hace saber que un hermano es no sólo aquel que nació de tu misma madre biológica sino de la misma madre tierra.

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