Ismael, el último guardián de la memoria de Al Andalus en Tombuctú

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  • La periodista Miryam Pedrero proyecta en Madrid su documental sobre el viaje de ida y vuelta de la biblioteca andalusí más importante de África.

 

El documental cuenta también como el vicepresidente de la Fundación Fondo Kati y directivo de DKV Seguros, Antonio Vila, viaja a Mali para negociar con el Gobierno local, gracias al patrocinio de DKV Seguros y de la Fundación Cajasol, que permitiera la exposición de los documentos en España.

En palabras del vicepresidente de la Fundación Fondo Kati y directivo de DKV Seguros, Antonio Vila, “es necesario recuperar parte de nuestra historia menos conocida, que no ha sido traducida o digitalizada y que permanece oculta desde hace más de cinco siglos en baúles en Tombuctú”

Ismael Diadié Haidara es el único custodio del tesoro que su familia ha logrado conservar a lo largo de los siglos: una biblioteca que condensa la memoria del tiempo en el que su gente vivió en Al Andalus y de los más de cinco siglos de exilio posterior en Mali, hasta donde huyeron cuando el fanatismo y la fe única se adueñaron de Toledo. En el camino, los suyos lo perdieron todo, lo mudaron todo. “Salimos blancos de la península en el siglo XV y hoy somos negros”, resume gráficamente. Una transformación forzada por el éxodo que parecía detenida, al fin, en pleno siglo XXI. Pero no. Ahora, otra vez, el odio al diferente vuelve a cruzarse en su camino y a amenazar esos legajos que aún dan fe de lo que fueron y son los descendientes de Ali Ben Ziyad Al Quti, de aquel entorno vital, cultural y sentimental del que fueron arrancados.

La historia del llamado Fondo Kati y la batalla de Diadié por mantener a salvo los más de 12.000 manuscritos literarios, científicos y religiosos que forman esta biblioteca andalusí creada por sus antepasados son los pilares sobre los que se sustenta el documental Ismael, el último guardián, obra de la periodista Miryam Pedreroy que este jueves día 29 de junio se proyecta en la Cineteca de Matadero Madrid. “Yo necesitaba encontrar una historia que hablase de paz”, dice la documentalista. Y se topó con ella, pero además de paz, de ejemplo viviente de la palabra como vehículo de sabiduría y cultura, de lazos mantenidos en el tiempo, de razón, descubrió que esta historia se tropieza, nuevamente, “con la guerra santa con otro nombre”. Había que contarlo.

Hay que remontarse a 2012. Ese año, una rebelión tuareg acabó en golpe de estado y guerra en Mali, con los grupos yihadistas de Ansar Al Din y sus aliados de Al Qaeda en el Magreb haciéndose fuertes en mitad del revuelo y tomando el poder de Tombuctú, donde vivía Ismael, entre otros importantes territorios. El fanatismo islámico pronto se fijó en las bibliotecas familiares que quedaban vivas en la ciudad, testimonio de un tiempo, unas costumbres o un modo de vivir la religión contrario a sus reglas. Fueron a por ellos. 36 bibliotecas fueron evacuadas y más de 300.000 manuscritos, encerrados en una sala en Savama, un centro de conservación local, en Bamako, la capital. La UNESCO declaró Tombuctú Patrimonio de la Humanidad en Peligro.

Un día de abril los milicianos fueron a la casa de Diadié. “Vuelve el miedo”, relata. Armas, látigos, burkas. “Hace mucho que prohibieron la filosofía, la música, todo”, se duele. Él no había querido desprenderse de esos papeles y tomos de los que su familia nunca se había despegado, así que optó por dispersar los documentos en manos amigas, tomar él mismo los más esenciales y escapar a Granada. “No me impiden salir de este país”, dice, lacónico, explicando su decisión. “Vivimos entre la maleta y el ataúd. Tendremos todos que elegir”.

Por ahora, tras cinco años de separación y 548 de exilio, nada se ha pedido, nada ha sido destrozado por los fanáticos o los males más prosaicos -humedad, calor, insectos, polvo…-; el 90% de los manuscritos siguen ocultos en Mali pero su biblioteca y unos 30 0 40 legajos están en España, cuidados, pero el esqueleto, aquel edificio abierto gracias a la ayuda de la Junta de Andalucía, sigue vacío y así estará hasta que no sea verdaderamente seguro reunirlo todo de nuevo en su país. En eso trabaja con esfuerzo ahora Ismael y en digitalizar todo el material posible para que las copias sobrevivan, si vienen, a nuevos odios.

 

 

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