Ignacio Rivera, desvela los secretos de Estrella Galicia en Fuera de Serie.

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*Artículo de Elena Pita en Fuera de Serie

Cuarta generación al frente de Estrella Galicia, Ignacio Rivera, ha afianzado la firma como cuarto grupo cervecero español y doblado la facturación. Su próximo reto, conquistar América desde Brasil.

Se define a sí mismo con una sonrisa: “Cervecero feliz y artesanal”. A sus espaldas, una saga que durante 111 años ha elaborado los caldos con idéntica filosofía (tiempo y materia prima natural) e idéntico sabor amargo (el que confiere el lúpulo, que cultivan aquí mismo). Y de pronto, se ponen de moda, su sabor y artesanía, desde Australia a Brasil, de Baleares a Dublín, y en cuatro años doblan la facturación(408 millones de euros) y aumentan su fabricación en un 123% (237 millones de litros en 2016).

-¿Cómo lo ha hecho?

-Soñando, que es gratis y siempre muy rentable. Y rodeándome de gente mejor que yo. Haciendo la misma cerveza que hacía mi bisabuelo en 1906, según el mismo proceso artesanal; aunque la legislación no me permita acuñar la etiqueta “artesana”, Estrella Galicia no es industrial; nadie puede impedir esta realidad y este espíritu artesano al que somos fieles.

Ignacio Rivera (A Coruña, 24 de abril de 1965), el benjamín de una de las cinco familias que integran la corporación Hijos de Rivera, fue elegido consejero delegado en 2012. En estos cinco años, aquella cerveza que los gallegos tanto apreciaban y que tan extraña resultaba fuera de su circunscripción ha viajado y se ha implantado de un confín a otro del planeta. Su estrella de seis puntas, como una rosa de los vientos marinos, conforma ya el cuarto grupo cervecero del país y está a punto de abrir una segunda planta de elaboración en las antípodas brasileñas, estado de Minas Gerais, adonde llegaron después de una prospección (cinco años y 50 ubicaciones) en busca de un agua parecida a esta que cuece sus cereales en A Coruña.

Será su productora para América, lo de Asia queda para la próxima y quinta generación, sentada ya en el consejo, aunque la firma cuente desde hace unos años con filiales en Shanghai y Japón e inversiones en Filipinas. Huérfano de padre a los 7 años, el “enano” de los cuatro hermanos Rivera Quintana, aquel chico simpático y bon vivant que la madre mandaba a trabajar a los cocederos para que sentara cabeza, tuvo que dar un vuelco a su vida cuando a los 19 años perdió a su hermano mayor en un accidente de moto: “Mamá, no te preocupes que voy a estudiar y a ser responsable”. Cursaba ya primeros años de Icade, y el destino iba a sonreírle, a él, a la gran familia y a los más de 800 empleados de la empresa, que esta mañana le saludan por plantas y pasillos, todos, con una sonrisa en boca, casi tan grande como la suya.

Huele a cereales de infancia en los cocederos de A Grela, y cuenta Ignacio que cuando cocinan la negra 1906 (un coupage de cuatro maltas tostadas y dos lúpulos), el aroma tiende a chocolate amargo.

Maneja unas estadísticas que dicen que su empresa es la primera elegida por los gallegos para trabajar, y he leído que este año incrementarán la plantilla con 200 trabajadores. ¿Me daría trabajo, señor Rivera?
[Se ríe] Yo encantado [y yo le tomo la palabra].

 

Este carácter genuino y ese sabor tan peculiar de sus cervezas, ¿es comparable a lo especiales que son algunos productos del campo y el mar gallegos: patata, percebe, grelo, etcétera?
En Galicia nos gustan los productos al natural, somos poco aficionados a la elaboración, preferimos apreciar la calidad de nuestra materia prima, que es maravillosa, y en este sentido esta cerveza es muy gallega. Hemos montado una empresa que se llama Cosecha de Galicia para cultivar nuestro propio lúpulo, las manzanas para la sidra [que comercializan con la marca Maeloc], la uva para el vino [Ponte da Boga, en Ribiera Sacra] , etcétera. Y otro factor fundamental para este sabor diferente es el tiempo. Una cerveza puede hacerse en cinco días, pero a nosotros nos gusta fermentarla y madurarla unos 30 o 40 días, hacerla reposadamente. Lo que ocurre es que no cocemos más de 12 veces al año el caldo de cada una de nuestras cervezas: preferimos menos cantidad y más calidad, aunque la rentabilidad sea menor.

Supongo que también es cuestión del agua. En Brasil, ¿el cambio de agua no afectará al sabor?

La decisión de Brasil nos ha costado muchísimo esfuerzo, porque somos grandes artesanos y nos gusta tener una única fábrica para preservar el origen del proceso y la materia prima. Pero por mucho que ampliemos esta planta, que va camino de producir 400 millones de litros, necesitamos abastecer el mercado americano, donde trabajamos muy bien. Así que desde 2012 iniciamos un proceso de búsqueda de un agua que se parezca mucho a la de aquí y proveedores de materias primas idénticas. Y después de 50 ubicaciones, nos hemos decidido por el agua de Poços de Caldas en Minas Gerais, que es la zona más rica en acuíferos del país.

 

Para leer la entrevista completa, pincha aquí

 

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