El pediatra de Palma con un gran corazón, Dr. Jorge Muñoz

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En la actualidad, su consulta está lejos de África. Es el Jefe de Pediatría del Hospital Quironsalud, justo a las afueras de Palma, y tiene una apretada agenda. Cada día atiende hasta a setenta niños. De sus paredes cuelgan coloridos testimonios de sus pequeños pacientes, quienes le consideran como “el mejor médico del mundo”.

En las estanterías se pueden ver fotografías que capturan momentos triunfales, como la de un joven judoca venciendo a su oponente o la de un gimnasta mostrando una pose desafiante. Se trata de antiguos pacientes que han vencido a la adversidad y han seguido luchando.

Le resulta natural conectar con los niños. “Todo gira en torno a los sentimientos”, afirma. “Es algo que no puedes aprender en la universidad”. Tiene cuatro hijos y mantiene una relación fantástica con todos ellos. “Nunca les grito, así que cuando tienen un problema, no tienen miedo de acudir a mí”. Es abierto y directo y no existe ningún tema tabú.

Tampoco teme darles su opinión a aquellos adolescentes difíciles que acuden a la clínica. “Muchos son mis pacientes desde que eran pequeños y les comento lo que pienso de su comportamiento”, afirma. “Creo que sus padres se preguntan: ‘¿Por qué no les dije eso?’ Tengo buenas dotes comunicativas y saco provecho de ellas”.

Trabajar como pediatra en Palma es muy diferente a trabajar en Chad. La primera visita que realizó el Dr. Muñoz a lo que él llama el “corazón seco de África” tuvo lugar en 2012. Son pocas las ocasiones en las que la enfermera y Hermana Misionera Comboniana Magdalena Ribas viaja a Mallorca, su isla natal, pero fue durante una de esas visitas cuando le comentó al Dr. Muñoz el trabajo que realiza en el Hospital St. Joseph de Bebedjia, en Chad, donde lleva viviendo treinta años. Estaba recaudando fondos y el Dr. Muñoz decidió que todo sería más fácil si fuera él mismo, junto con su colega, la Dra. Reina Lladó.

“Fue impactante”, afirma. Incluso antes de que hubiera deshecho las maletas tras 600 km de viaje por carretera atravesando abruptos terrenos, perdió a su primer paciente. “Cada día se nos morían tres niños. No estábamos acostumbrados a eso”.

Ya en España fundó la organización benéfica “Ayuda al Chad”, para concienciar y recaudar fondos. Al año siguiente volvió, y aquella vez canalizó su enfado y su tristeza a través de un diario online que saltó a las primeras páginas del periódico El Mundo.

 

Pep Bonet , brillante fotógrafo y director al que Muñoz describe como “un genio”, le acompañó en su tercer viaje. El documental que rodó comparte el mismo título que el libro que ha escrito el pediatra, “El infierno más bonito que conozco”. La belleza no se encuentra en los atardeceres africanos, sino en la gratitud y generosidad de estos niños, que no tienen nada.

A la pregunta de cómo gestionó su vuelta a un mundo plagado de egos y excesos, el Dr. Muñoz explica que su mente está compuesta por pequeñas habitaciones. Es capaz de cerrar una puerta al sufrimiento en Chad y encontrarse presente al cien por cien en la “habitación” en la que necesite estar. Pero admite que cuando vuelve, la primera semana siempre se torna borrosa. “Mi mente está conmocionada”, afirma. “Es tan horroroso que necesito tiempo para adaptarme”.

Desde que ha viajado a Chad, vive cada día como si fuera el último y siempre se pregunta cómo puede ser mejor persona. El deporte, y en particular el running, constituye una de sus válvulas de escape. Es también cuando le sobrevienen las ideas. No se contenta con ser “el mejor médico del mundo” para los niños mallorquines, sino que también está continuamente buscando oportunidades para recaudar fondos para la organización benéfica. Menciona que está trabajando en algo relacionado con la moda infantil, pero por el momento no puede dar más detalles.

No cabe duda de que se trata de un hombre inspirador que cree que todo el mundo tiene el potencial de llegar a lo más alto. “No sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que te queda”, escribe. Esperemos que no tengamos que experimentar situaciones difíciles para darnos cuenta de que independientemente de quienes seamos o de donde nos encontremos, podemos convertir este mundo en un lugar más compasivo.

Photos de Estefanía Duran y Pep Bonet

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