Ángel Bonet, experto en innovación: “Las máquinas tienen más de humano de lo que creemos”, entrevista en El Mundo

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(Barcelona, 1972) Ángel Bonet. Experto en innovación con más de 25 años de experiencia. En “El Tsunami Tecnológico” (Ed. Deusto) anuncia un mundo de robots y nanotecnología del que asegura que no hay que tener miedo.

Un estudio asegura que en el año 2050 habrá más relaciones de pareja robot-humano que humano-humano. ¿Usted se lo cree?
Sí, me lo creo. La relación hombre-máquina es una tendencia imparable. Todas las líneas de la robótica van a crecer de manera exponencial, y también los robots-pareja. Sólo hay que mirar alrededor para entenderlo: España es un país en el que el 50% de los matrimonios acaba en separación, donde el índice de personas que no tiene pareja es muy elevado. El caldo de cultivo no puede ser mejor para que ese sector crezca.
¿Pero una relación amorosa con una máquina puede ser equiparable a la que se mantiene con una persona?
Puede que una relación de pareja con una máquina no sea la mejor alternativa, pero es una alternativa. Si alguien no encuentra pareja en el mundo real, puede encontrarla en el mundo virtual. Además va a llegar un momento en que será prácticamente imposible diferenciar a ente inteligente de un ser humano, incluido el plano emocional.
Los robots sexuales ya existen, ¿no?
Sí. El proyecto Realbatix, creado por Matt McMullen, ya ha vendido más de 5.000 muñecas a tamaño real y animadas por inteligencia artificial.
Ya se puede elegir el aspecto físico de esos robots-parejas. ¿Dentro de poco se podrán elegir también sus cualidades personales y emocionales?
Sí. Se podrá decidir si se quiere un robot que sea paciente y tranquilo, sus gustos, el tipo de conversación que desean que mantenga…
Da miedo, ¿no?
Al ser humano en general le da miedo lo desconocido, lo que nunca ha vivido. Pero el ser humano es inteligente.
Es que hasta ahora la inmensa mayoría de las relaciones de pareja se basan en encontrar un consenso común, y para eso cada parte debía ceder en ciertos aspectos. Pero con un robot programado como uno quiere ya no habrá que ceder en nada. Seremos aún más egoístas, más narcisistas.
Puede ser.
Los de la máquina serán además sentimientos fingidos. ¿Eso no les resta valor?
No estoy seguro de que sean fingidos. La inteligencia artificial aprende de sí misma, aprende de la relación, aprende interactuando, avanzando. Las máquinas tienen muchísimo más de humano de lo que creemos.
Usted también vaticina un fuerte crecimiento de los robots domésticos, aquellos destinados a dar asistencia, entretenimiento y compañía a sus usuarios…
Sí. Crecerán por necesidad, porque las máquinas cubrirán un espacio que los seres humanos no podremos cubrir. A causa del envejecimiento de la población van a aumentar mucho los ancianos, especialmente en Occidente y Japón, y van a requerir una serie de cuidados que no siempre van a poder darles personas. Se estima por ejemplo que en 2025 en Japón faltarán 370.000 cuidadores, según los cálculos del gobierno nipón. Pero muchos de esos cuidados a ancianos serán dados robots.
¿Y qué cuidados ofrecerán esos robots domésticos?
Por un lado, cuidados psicológicos: un robot puede hacer compañía a un anciano, hablar con él, dialogar y establecer una relación que yo calificaría de amistad. Y otra es de control biométrico de los parámetros vitales. A mí personalmente me encantará que dentro de 25 años mis hijos no tengan que estar pendientes de mí, tendré un robot que me cuidará y me hará compañía y que, si me pasa algo, avisará inmediatamente a una ambulancia y a mis hijos.
¿En 2025, es decir, en siete años, ya existirán esos robots?
Esa tecnología ya existe a día de hoy, no es ciencia ficción. El problema es que es cara, que no está regulada y que aún pesan sobre ella barreras culturales. Pero como la tecnología ya existe, el que la adoptemos de manera masiva depende de muy pocos factores: del coste, de que un gobierno la impulse y la regule, de que una empresa decida apostar de manera muy agresiva por ella… Yo calculo que puede ocurrir en 10 años, pero igual me confundo y sucede mañana.
Culturalmente, ¿acabaremos aceptando la relación humano-máquina?
Sí. En Japón, la relación hombre-máquina ya está aceptada, no existe el rechazo que aún existe aquí. Allí entienden perfectamente que uno puede mantener con la inteligencia artificial una relación de amistad o incluso amorosa. Eso es algo que en Japón ya está ocurriendo, de hecho los principales fabricantes de robots en el mundo son japoneses, aunque los proveedores del software son norteamericanos.
Eso de que vayamos a tener parejas y amigos robots, ¿no le suena a ciencia ficción?
Es que es ciencia ficción, en sentido literal. Yo he dedicado muchos años a estar con grandes nombres del mundo de la investigación, y siempre me preguntaba: ¿cómo es posible que un ingeniero se imagine esas cosas? No estoy diciendo que los ingenieros no tengan imaginación, pero no son gente del mundo de las artes, del cine… Y lo que he descubierto es que esa gente se inspira en el cine. Esa gente tiene think tanks (laboratorios de ideas) con guionistas de cine, artistas y pensadores. Se inspiran en eso.
¿La imaginación va siempre por delante de la realidad?
Sí, siempre. Y los científicos intentan hacer real lo que algunos imaginan. Yo me he tomado varios vinos con Ray Kurzweil, uno de los mayores expertos mundiales en inteligencia artificial y mi maestro, y resulta que trabaja muy de la mano de James Cameron, el cineasta de Avatar. Cameron imagina cosas y Kurzweil trata de hacerlas realidad, Cameron es la inspiración de Kurzweil. Pero tenemos que estar tranquilos, yo no conozco a ningún científico que trabaje para que el mundo vaya a peor.

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