“Vuelve la vuelta al cole” por Sonia Díez

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¿Por qué habremos tenido la mala ocurrencia de llamar al inicio de curso “vuelta al cole”? Volver es nombre de tango, de pisar sobre nuestras pisadas, de viajar hacia atrás. ¿Por qué despreciar desde el primer instante el potencial de ilusionarnos con un nuevo inicio, como una puerta a lo desconocido a punto de abrirse ante nuestros ojos? Desde ese eslogan parece que le estamos indicando a los escolares (y a los profesores) que abandonen toda ilusión, que otro año más les espera el mismo cole a la misma hora.

A mediados del pasado mes de julio, la revista Neuron se hacía eco de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Yale que habían concluido, tras una serie de experimentos con chimpancés, que cuando uno de los entornos de nuestra actividad se vuelve estable el cerebro desconecta su mecanismo de aprendizaje. https://news.yale.edu/2018/07/19/arent-sure-brain-primed-learning

Como señalan los propios investigadores, eso es algo estupendo cuando hemos llegado a la perfección en alguna disciplina o en la automatización de procesos recurrentes llamados a generar hábitos de manera que podamos reducir la energía empleada en ellos (Como, por ejemplo, lavarse los dientes). Sin embargo, cuando se trata de tareas complejas que involucran a otros y requieren tanto el desarrollo de destrezas como el diseño de estrategias, como sucede con la Educación, sucede lo contrario.

Dicho en breve, lo estable, la rutina, lo esperado o lo repetido matan el aprendizaje.

En realidad, el experimento confirma algo que muchos saben. Sin ir más lejos, los ingenieros de caminos introducen curvas en las autopistas con el único propósito de evitar que nos quedemos dormidos al volante, porque es así como se producen la mayoría de los accidentes de tráfico mortales.

La vuelta al cole, así presentada, no sólo anestesia nuestra atención, sino que al repetirse curso tras curso, cada vez cuesta más despertarla. No todos los problemas de atención de nuestros adolescentes son achacables a las hormonas o a los móviles; la estabilidad o la rutina después de darle al botón de reinicio año tras año puede que también tenga su cuota de responsabilidad.

Los buenos comienzos son como las buenas digestiones, empiezan por la salivación. Es el deseo el que suscita las ganas y el apetito y no la abundancia de comida que, al igual que sucede con el contenido académico, presentada de forma industrial hace que se nos cierre el estómago y acaba produciendo rechazo, arcada. Degustar, “sacarle el gusto” a algo requiere la delicadeza que sólo la dedicación de un tiempo suficiente puede crear.

¿Comenzar el curso bien? Destinemos las dos primeras semanas de septiembre a preparar cómo seducir a nuestros alumnos para el camino a emprender, a mirarse, a conocerse entre si, a explorar, a testar sus fuerzas, a preparar su mochila de “avituallamiento”, a elegir su material de apoyo, a definir sus objetivos y comprometerse con ellos… a que hagan suya la aventura que emprenden. Después de eso, como en el Camino de Santiago, lo más fácil es andar.

 

Sonia Díez

Soy afortunada; mi oficio, mi interés y mi pasión coinciden: ayudar a que niños y jóvenes adquieran lo necesario para ser dueños de su futura vida adulta, es decir, educar.

He sido -y sigo en ello- aprendiza, profesora, escritora, empresaria, madre, conferenciante, fundadora y directora de centros educativos, y no deja de sorprenderme cómo los adultos desoímos el clamor ensordecedor de un planeta en plena mudanza. Un mundo de posibilidades que vivimos como “cultura del espectáculo”, acomodados en sofás o en chats a la espera de la motivación suficiente para asumir la responsabilidad – y el regalo – de poder dejar huella. El pasado sirve para aprender pero es el futuro que queremos el que nos debe impulsar a HACER. Es tiempo de Acción, y yo apuesto por la Educación como la gran palanca de cambio que nuestro mundo necesita. Y nos incumbe a todos: padres, profesores, legisladores, políticos y colectivos sociales sin excluir ninguno.

Si seguimos como hasta ahora, los niños que inician hoy su vida escolar la terminarán en 2035 aún más alejados de la realidad de lo que apuntan las actuales cifras de abandono escolar, paro juvenil o calidad del primer empleo. Tenemos deberes que sólo podemos resolver entre todos y el más urgente es sacar la educación de ese silencio que sólo interesa a quienes se benefician de que todo siga igual.

Según el CIS, más del 90% de los españoles adultos no sienten preocupación por la educación de ese 20% de la población que llena las aulas. Un colectivo más numeroso que los de parados, catalanes, afiliados a un partido, inmigrantes, gays, o taxistas… no ha entrado en el “top ten” de inquietudes en las últimas dos décadas. ¿De verdad hay diez asuntos que reclamen más atención que educar a siete millones de niños para el mundo que les tocará vivir?

Su mayor problema es que creamos que la educación no es un problema.
Convirtamos la educación en la primera preocupación de los españoles.
Hablemos de educación. Ya. www.educaccionya.com

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